Un precio mínimo sostenible empieza por conocer cuánto cuesta producir y vender la obra. Materiales, enmarcado, impresión, transporte, horas de trabajo, fotografía, embalaje, comisiones, impuestos y una parte de gastos generales pueden formar parte del cálculo. Si alguno de esos costos se ignora, una venta puede parecer rentable sin serlo.
El punto de equilibrio es una referencia útil: indica cuándo los ingresos cubren los costos. La U.S. Small Business Administration lo define como el punto en el que costo total e ingreso total son iguales. En una práctica artística, el cálculo no determina por sí solo el valor de mercado, pero ayuda a establecer un piso por debajo del cual el proyecto pierde dinero.
Después de conocer ese piso pueden añadirse margen, trayectoria, demanda, tamaño, técnica y coherencia con precios anteriores. No existe una fórmula universal para valorar arte, por lo que conviene separar claramente costo, precio mínimo y precio de mercado.