El diseño de interacción define cómo una persona actúa sobre un sistema y cómo el sistema responde. Incluye controles, estados, retroalimentación, errores, tiempos y secuencias. Su objetivo es hacer comprensible la relación entre intención del usuario y comportamiento del producto o experiencia.
Documentar intención, reglas y resultados permite repetir una prueba y comparar versiones. Esa práctica convierte decisiones estéticas o pedagógicas en un proceso que puede refinarse sin perder el objetivo original.
El valor del concepto aparece cuando se conecta con una decisión de diseño o aprendizaje observable. Probar con usuarios, documentar resultados y ajustar el sistema suele aportar más información que aplicar una técnica solo porque está de moda.