Arte inmersivo describe experiencias que buscan envolver al público mediante espacio, imagen, sonido, luz, proyección u otros medios. No existe una técnica única. La inmersión puede depender de escala, continuidad sensorial, participación o control del entorno, y no requiere necesariamente realidad virtual.
En interfaces y experiencias educativas conviene diseñar también para errores, distintos tamaños de pantalla y diferentes capacidades de percepción. La solución visual ideal en una maqueta no siempre es la más robusta en uso real.
El valor del concepto aparece cuando se conecta con una decisión de diseño o aprendizaje observable. Probar con usuarios, documentar resultados y ajustar el sistema suele aportar más información que aplicar una técnica solo porque está de moda.